Declaración de intenciones – Iban Rusiñol

Habiendo nacido en Navarra de una madre lyonesa (Francia) y de un padre pamplonés con origines catalanes, tuve que, ya desde pequeño, explicar a los demas por qué hablaba las diferentes lenguas maternas que me oían hablar. Primero tuve que explicar el porqué de ser francóphono en España (en una época en la que no tenía realmente ningún sentido), depués hispanóphono en Francia y finalmente vascóphono en el mundo.

He vivido mucho años en vasco : he cursado casi todos mis estudios en euskera, he recorrido unos cuantos rincones del mundo desde el Canadá hasta Oriente Medio pasando por países de Europa del este cantando en vasco. En todas partes, en el sacrosanto nombre de la modernidad y el progreso, surgía siempre la misma pregunta : ¿ de qué te sirve ? Y de ahí, ¿ de qué sirve “conservar” una cultura y una lengua moribunda que la hablan cuatro gatos ?

Me han hecho esta pregunta tantas veces que al final acabé por hacermela a mí mismo. ¡ Es verdad ! ¿ Y todo esto… para qué ? ¿ Por qué empeñarse tanto ?

Esta desmoralizante pregunta fue ganando más y más terreno : ¿ por qué empeñarse en defender la “excepción cultural”, como la llaman en Francia ? ¿ por qué empeñarse en luchar contra las leyes del mercado ? ¿ De qué sirve intentar hacerle competencia al fútbol, Live Nation, los espectáculos de grandes massas, los productos musicales engendrados por la industria televisiva… si de todos modos al público ya se le está dando lo que él quiere ? ¿ De qué sirve empeñarse en vivir su propia cultura teniendo enfrente una mucho más “prêt-à-porter” ?

El acto de vivir plenamente “su” cultura propia, si esta se considera como “minoritaria”, se asocia amenudo con fenómenos de comunitarismo. Pero obvervamos con facilidad, y cada vez más hoy en día, que una comunidad, cuanto más se siente desarraigada, vacíada de sus componentes culturales y diluida en la grán masa global, más tienden a radicalizarse en su seno los fenómenos de comunitarismo para dar paso a una afirmación identitaria de religión o de cualquier otro signo de pertenencia colectiva excluyente o auto-excluyente.

Esta constatación es la que lleva acabo el novelista y ensayista franco-libanés Amin Maalouf en su obra “las identidades asesinas”, y este es, en cierto modo, el discurso que deseo desarollar y analizar en esta película.

 

No obstante, considero que el principal papel que debe desempeñar toda buena historia que se precie, es el de emocionar e ilustrar lo indecible, ya que nada es más dificil y arriesgado que explicar un sentimiento con palabras sin caer en una retórica indigesta y pomposa. Con esta historia pretendo compartir toda una serie de sensaciones : explicar en qué consiste ese sentimiento de “¿ por qué empeñarse ?” que existe en cada uno de nosotros y de transmitir un signo de esperanza cultural ; esperanza por todas las culturas que, más que conservar, cadacual debería poder vivir plénamente.

Este choque, este aunténtico “clash” cultural que constituye el encuentro entre la grán industria musical – el mundo de Madonna – y la música artesanal – el mundo de Kalakan – me parece una ocasión perfecta para illustrar lo que está en juego.

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